Evelyn se giró bruscamente, con el pulso acelerado.
Roman estaba detrás del sofá, descalzo y con el pantalón de dormir puesto, el cabello ligeramente despeinado. No parecía estar completamente despierto, pero sus ojos estaban lo suficientemente claros mientras pasaban de la laptop a su rostro.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó de nuevo.
Evelyn forzó una sonrisa que no terminó de asentarse.
—Nada —dijo, un poco demasiado rápido—. No podía dormir. Solo estaba revisando correos. Cosas del trabajo.
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