DAMIAN
Matteo dio dos toques a la puerta y entró en mi despacho. Por fin aparté la mirada de la foto que no había dejado de contemplar desde ayer, desde que Seraphina me dijo que no había sido mi culpa. Solté una risita amarga y dejé caer el marco; si tan solo supiera...
—¿Listo? —pregunté con tono plano, y Matteo asintió. Bien. Como Vincenzo quería que moviera ficha, lo había hecho. Mandé a Matteo a entregarle un recadito a su clan, para que le quedara claro que jamás debía volver a meterse co