CAPÍTULO 13: EL ABISMO DE CRISTAL
El sonido de la puerta de la suite al cerrarse no fue un ruido común; fue el estruendo de una sentencia. Me quedé de pie en medio del salón dorado, con el vestido de seda negra que Alexander me había obligado a elegir aún ceñido a mi cuerpo como una piel de serpiente. Me había preparado. Había pasado dos horas frente al espejo dejando que el peluquero y la maquillista borraran cualquier rastro de la niña vulnerable de la mañana. Me había puesto su anillo, su a