# CAPÍTULO 37: EL OCASO DE LOS VOLKOV (POV ALEXANDER)
El aire en el bosque de Nueva York ya no era frío; era una masa de azufre, pólvora y el hedor dulzón de la sangre fresca que se evaporaba sobre la nieve. La Casa del Lago, mi santuario de piedra y sospechas, se estaba transformando en una pira funeraria. Cada estallido que sacudía los cimientos era un clavo más en el ataúd de mi legado. Los Moretti no habían venido por negocios, ni por territorio. Habían venido por el trofeo que yo les había