CAPÍTULO 14: SEDA, SAL Y CENIZAS (POV ISABELLA)
El agua de la piscina parecía mercurio bajo las luces de neón, y yo me sentía flotar en un universo donde la gravedad de los Volkov no existía. Pero la libertad es un concepto engañoso cuando estás borracha de ginebra y de despecho. Escuchaba a Mikhail hablar frenéticamente por el teléfono, su voz era un zumbido molesto en mis oídos, una interferencia en mi sinfonía de rebelión.
—¡Isabella, por el amor de Dios, salga ya! —insistía el guardaespald