Alina llevaba un vestido largo y blanco, con el cabello suelto cayendo sobre su espalda. Parecía tener el pie lastimado, pues le costaba un poco caminar. Aun así, avanzó bajo la luz del sol hasta quedar frente a Damián y, con una sonrisa, le tendió la mano.
—Hola. Soy Alina Quiroga.
Parecía un ángel que acababa de bajar a la tierra. El chico se quedó pasmado un buen rato, hasta que el asistente le lanzó una mirada molesta.
—¿Qué tanto ves?
Reaccionó e intentó darle la mano, pero al notar que es