Antes de que Lia pudiera regresarle el golpe, la agarró con furia por la muñeca y la miró con total desprecio.
—He sido demasiado buena contigo estas semanas, ¿y así me pagas? ¡Atreviéndote a lastimar a los míos!
El agarre le dolía horrores. Además, ver a su hermana embarrada de sangre y con esa expresión de odio casi salvaje la aterraba; parecía un demonio que acababa de salir del infierno.
Al no poder soltarse, empezó a gritar pidiendo auxilio.
—¡Ayuda! ¡Que alguien me ayude!
Alina no le quit