Capítulo 40 ¡Eres igualita a tu madre!

Vicco quedó deslumbrado por esa sonrisa. ¡Ya no quedaba nada de la Alina torpe y regordeta de antes! ¡Ahora parecía una verdadera diosa!

Normalmente, muchas compañeras menores se le acercaban buscando su atención, pero ese día le pareció que escuchar a la joven llamarlo por su nombre sonaba increíblemente bien.

El muchacho extendió la mano de inmediato.

—Hola, Alina.

Ella apenas rozó la mano de él a modo de saludo y la retiró enseguida. Incluso durante ese breve apretón, Vicco no dejaba de mira
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