Vicco quedó deslumbrado por esa sonrisa. ¡Ya no quedaba nada de la Alina torpe y regordeta de antes! ¡Ahora parecía una verdadera diosa!
Normalmente, muchas compañeras menores se le acercaban buscando su atención, pero ese día le pareció que escuchar a la joven llamarlo por su nombre sonaba increíblemente bien.
El muchacho extendió la mano de inmediato.
—Hola, Alina.
Ella apenas rozó la mano de él a modo de saludo y la retiró enseguida. Incluso durante ese breve apretón, Vicco no dejaba de mira