El sol ya se había ocultado. Alina estaba exhausta, sin una gota de energía, cuando el sensei Tan le indicó que se detuviera. Se secó el sudor.
—Terminamos por hoy.
La joven se dejó caer, tirada en el piso.
—Pásame una toalla.
El instructor observó a esa chica de apariencia frágil y le arrojó la tela.
—No te ves para nada como la típica princesa de casa. ¿Por qué te exiges tanto con este entrenamiento?
Ella apenas sonrió mientras se secaba las gotas que le escurrían por la cara.
—No nací con su