Alina y Oliver se miraron en silencio durante casi medio minuto hasta que ella sonrió. Se dio la vuelta para recostar la cabeza sobre las piernas de su acompañante y dejó escapar un largo suspiro.
—Tengo sueño. Voy a dormir un rato.
El joven se quedó perplejo por un instante. Luego estiró la mano para acariciarle la frente.
—Descansa.
Con los ojos cerrados, ella continuó hablando.
—¿Sabes? Uriel también aseguró que tarde o temprano terminarás vendiéndome, y que yo hasta te ayudaría a conta