Ya vestidos, los dos salieron del hotel.
—¿No le vas a decir a Tito que maneje?
Oliver negó y la tomó de la mano.
—Si la idea es salir a pasear contigo, ¿para qué quiero el auto?
Contenta, Alina caminó a su lado. El hotel quedaba en una de las zonas más concurridas del distrito financiero; al salir, ya estaba la plaza comercial. Ella lo guio con entusiasmo hacia adentro, mirando para todos lados, maravillada con cada detalle.
Oliver entró tras ella.
—Lo que te guste, lo compras. No es com