El ejecutivo terminó de exponer, agachó la cabeza y se preparó para la regañada. Pero contra todo pronóstico, Oliver dijo:
—No está mal. Damos por terminada la junta.
Se levantó y salió con prisa de la sala. El expositor, como si lo hubieran indultado, jaló a Tito a un lado.
—¿Qué le pasa hoy al director? Está distinto.
Tito lo pensó un segundo.
—Tiene un asunto en casa. Y es muy importante.
Y no mentía: la señorita Alina era el asunto más importante para el magnate.
Oliver regresó a Elite Towe