Todos saludaron a Oliver. Alina se presentó con algunos de ellos y siguió al grupo al interior del autódromo.
Unos ajustaban un auto de carreras mientras otros gritaban desde un lado.
—¿Ya está listo? ¿Cuándo arranca esto?
Paul, despatarrado en un sofá, levantó la voz.
—Oli, ¿te animas a dar una vuelta?
Oliver negó con la cabeza.
—No.
Paul lo miró sin entender.
—Si no vas a manejar, ¿entonces a qué viniste?
Oliver le clavó la mirada.
—¿No fuiste tú el que pidió que trajera a Alina?
—Cuñadita, h