Alina volvió a Lomas de Provenza y, al llegar, se topó con el auto de Uriel estacionado en la entrada. Lia bajaba del vehículo, y los tres coincidieron frente a la mansión. Alina llevaba una sencilla playera blanca y shorts. Lia, en cambio, era otra cosa: un vestido de alta costura de cierta marca, tacones de siete centímetros, lentes oscuros y un aire de estrella de pies a cabeza.
Antes de que Alina dijera nada, Lia la detuvo.
—Oí que llevas varios días sin venir a casa. ¿A dónde te fuiste a