El derroche de pasión y entrega los había vaciado, fundido en un mismo aliento. Isabella y Nick se quedaron profundamente dormidos, enredados el uno en el otro, durante unas horas de un letargo tan pesado como el plomo y tan dulce como la miel.
Finalmente, cuando Nick despertó, la vio aferrada a él, su rostro apacible enterrado en el hueco de su hombro, sus dedos aún aferrados ligeramente a su costado. Sonrió, una sonrisa lenta y profunda que le iluminó los ojos azules incluso en la penumbra. E