El amanecer cayó sobre la mansión Moretti como una sábana tibia… pero nadie la sintió.
El silencio era más denso que el aire.
Giuseppe bajó antes que el resto ojos cansados, barba de pocos días, la respiración de quien durmió menos de lo que fingió.
A los minutos, la familia se reunió en el comedor.
Isabella llegó última.
Se sentó con la espalda recta, el cabello perfecto, la expresión impasible… y el cubierto inmóvil entre los dedos. No tocó el desayuno. No miró a nadie.
Giuseppe y Charly inte