Campus Universitario.
Al día siguiente de la confrontación interna, Isabella llegó a la universidad vistiendo su nueva armadura: falda color carbón, blazer impecable y el cabello recogido en un moño tan perfecto que no dejaba espacio a la fragilidad. Cada hebra controlada… porque su corazón estaba roto.
En el pasillo, detuvo el paso.
El mundo seguía, los estudiantes reían, vivían… y ella sentía que caminaba entre ruinas.
Sacó el teléfono. Accedió otra vez al servidor de seguridad de su casa.
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