En el campus la música de la fiesta aún vibraba a lo lejos cuando Isabella, inquieta, alzó la voz. —Me preocupa Charly… Tiene el celular apagado. Lo mejor será irnos, además ya es tarde.
Nick la miró con ternura, los ojos brillándole bajo la penumbra de las luces de neón. —Seguro está bien, reina mía. Pero, si quieres estar tranquila, está bien… vamos. Yo las llevo.
El camino de regreso fue silencioso, solo el ronroneo del motor llenaba la noche. Cuando llegaron a la mansión, Nick abrió las pue