El regreso de las montañas no suavizó el temperamento de Isabella; al contrario, parecía haber afilado sus sentidos. La mansión de los McLean, una fortaleza de elegancia sobria en los suburbios de Zúrich, bullía con una actividad contenida. Carter y Arthur habían retomado sus posiciones de vigilancia perimetral, mientras que Isabella, tras salir del despacho, se dirigió directamente al ala médica de la propiedad.
Al entrar en la habitación, el olor a desinfectante era más tenue. Tomás estaba se