El aire se volvió fuego y el polvo se hizo ceniza; la justicia de Nicholas Walton, no llamó a la puerta, la derribó con el peso de mil traiciones acumuladas.
Luego… ¡BOOM! En ese instante, el mundo explotó.
La gran puerta de metal del almacén no se abrió. Estalló. Se curvó hacia dentro con un gemido de bestia herida antes de saltar de sus goznes y salir despedida en una lluvia de astillas retorcidas y fragmentos candentes. Una onda de choque de aire caliente y polvo barrió el interior.
En el umbral, recortadas contra el fuego anaranjado de la explosión, surgieron las siluetas.
Nick. En el centro. Ni un hombre, ni un agente. Una fuerza de la naturaleza. Su rostro era una talla de piedra bajo el hollín, iluminado por debajo por las llamas, sus ojos escaneando la oscuridad con una intensidad que atravesaba las sombras. En sus manos, un rifle de asalto humeante.
A su izquierda, Charly, con una escopeta recortada que parecía una extensión de su brazo, su rostro contraído en un rictus de f