El aire se volvió fuego y el polvo se hizo ceniza; la justicia de Nicholas Walton, no llamó a la puerta, la derribó con el peso de mil traiciones acumuladas.
Luego… ¡BOOM! En ese instante, el mundo explotó.
La gran puerta de metal del almacén no se abrió. Estalló. Se curvó hacia dentro con un gemido de bestia herida antes de saltar de sus goznes y salir despedida en una lluvia de astillas retorcidas y fragmentos candentes. Una onda de choque de aire caliente y polvo barrió el interior.
En el u