El silencio dentro del Audi era más ensordecedor que los gritos de Scott en la Agencia. Nick apretó el volante con tanta fuerza que el cuero crujía en protesta y sus nudillos perdieron todo rastro de sangre. Estaba solo. Sin satélites, sin el respaldo de la Interpol, con sus hermanos camino a la Cámara Cero por su culpa. El mundo que había construido para "ellos tres" se desmoronaba entre sus dedos.
Conducir hasta el apartamento fue un acto reflejo. Cada semáforo en rojo era una eternidad, cada