—No puedo con ésto —solté sintiendo como me ahogaba. Corrí escaleras arriba lista para esconderme en el anexo.
No me importó que Keydan o Cade gritaran mi nombre, ni siquiera que vengan corriendo detrás de mí. Abrí la puerta del anexo y me senté en el suelo, cerca de una pared mientras intentaba volver a respirar.
Veía el borroso rostro pálido y preocupado de mi hermano, quien le susurraba a Keydan, me preocupó. Pero el suspiro de Keydan mientras se pasaba las manos por la cabeza no ayudó. Ambo