—Estaba sola, Cade —hablé lo suficientemente alto como para que ambos me oyeran—. Mamá se había internado voluntariamente. La granja se venía a pique, trabajaba catorce horas y no podía mantenerla, tuve que vender la mitad de los animales porque si no lo hacía iban a morir de hambre. Incluso si yo no comía, no podía alimentarlos a todos.
Un sollozo que no sabía que estaba conteniendo se escapó mientras mis ojos se nublaban rápidamente. Cade se apresuró a correr a mi lado, pero lo detuve antes d