A la mañana siguiente me desperté sintiendo que un camión había pasado por encima de mi. No solo seguía con mis habituales problemas para dormir, sino que ahora tenía resaca, no entendía cómo mamá había podido vivir una parte de su vida así. Las cortinas de la puerta corrediza estaban a un lado, así que el sol de la mañana me golpeaba con una agresividad que no pude procesar hasta después de cinco minutos hecha bolita con las frazadas. La cereza del postre era la forma en la que mi colchón en e