—No, Keydan —hablé con tono burlón—. Estamos muy interesados por saber quien es la afortunada.
—Ayla —soltó en tono amenazante—. No hagas esto.
—Lo siento, Key —se burló Cade golpeando su hombro juguetón—. Todos te conocemos lo suficiente para saber que no te comprometes con nada, hasta mi hermanita lo nota.
Quise reírme histérica, claro que lo notaba, pero eso no significaba que dejara de afectarme como lo hacía. Me sentí una polilla, yendo idiota, una y otra vez, hacia la luz que era Keydan.