El restaurante me pareció encantador. Teníamos una vista al mar preciosa, cosa que me ponía muy feliz porque muy pocas veces había podido ver el mar. No sabía que me gustaba más, si las gaviotas sobrevolando las aguas celestes y los pescadores riendo allí afuera, o la decoración marítima adentro.
Todo era de madera, medio antigua, decorado con caracoles y la barra era en forma de proa, justo en el centro tenía una sirena cual barco pirata. Y las redes en el techo atravesaban todo el restaurante