El viaje fue en carretera. Nada de escoltas. Nada de helicópteros.
Aelin y Darian viajaban en un auto negro, con música suave y las ventanas entintadas. Ella iba recostada sobre su hombro, mirando por la ventana cómo el paisaje se transformaba de ciudad a campo.
—¿Crees que se acuerden de mí? —preguntó Aelin, algo nerviosa.
—No eres fácil de olvidar —respondió Darian con una sonrisa.
Llegaron a una casa antigua de piedra, rodeada de árboles en flor y con un aroma a pan recién horneado en el air