Mundo ficciónIniciar sesiónLa llevo hasta la cama, y cuando la deposito sobre las sábanas, ella me retiene de la camisa, obligándome a quedarme cerca.
—No te vayas —dice, entre un ruego y una orden.
—No pienso irme.
Me siento junto a ella. Sus dedos recorren las líneas de mis brazos, lentos, como si estuviera memorizándome. Cada roce suyo me despierta, me enciende, pero también me calma de una manera que no entiendo.
—A veces siento







