LA VERDAD CONOCIDA POR ANNERYS
Estoy sentada en mi escritorio, archivando los expedientes del caso de William, sintiéndome más satisfecha que nunca.
Mudarse con William ha sido increíble y ahora la idea de una convivencia permanente ya no me da tanto miedo. Ha pasado más de un mes desde que me mudé y cada día que pasa me enamoro más de él.
Nunca te he dicho las palabras —te amo—.
Él tampoco me lo ha dicho, pero creo que sí.
Incluso su madre lo comentó ayer cuando llamó para invitarnos a cenar mañana por la noche, diciéndome que nunca lo había visto así. De hecho, dijo que tenía los ojos llenos de amor, lo que hizo que él colgara la llamada en broma, pero enseguida la volvió a llamar y le mintió diciéndole que se le había cortado la señal.
Riendo para mis adentros al recordar aquello, tarareo —God Only Knows— de The Beach Boys, la canción que ha estado dando vueltas en mi cabeza toda la mañana.
Al igual que William, el ritmo es adictivo.
Un sonido en mi teléfono me alerta de que he rec