Jasemin.
El olor me golpeó antes que la bandeja tocara la mesa.
Fue inmediato, casi violento, como si mi propio cuerpo hubiera estado esperando ese momento desde hacía días, como si cada fibra dentro de mí se tensara al mismo tiempo, reaccionando con una necesidad tan primaria que me avergonzó incluso antes de actuar.
No mires, no te acerques, no le des eso, pero mi estómago se contrajo con una fuerza brutal, y el vacío dentro de mí respondió con un dolor que ya no era soportable con orgullo.
L