CAPÍTULO 28

Jasemin

No fue el sonido del cerrojo lo que me despertó esta vez, fue mi propio cuerpo fallando.

Un mareo violento me arrancó del sueño y me obligó a incorporarme de golpe solo para que el mundo se inclinara brutalmente hacia un lado. Mis manos temblaron al intentar sostenerme contra el suelo y un quejido bajo escapó de mi garganta antes de que pudiera detenerlo, porque el hambre ya no era solo dolor… era debilidad, era vértigo, era algo que me estaba apagando desde dentro.

Ni siquiera escuché
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