Jasemin.
Hadassa permaneció conmigo incluso después de quebrarse.
El silencio después de Hadassa no era descanso, era ese tipo de vacío que te deja con el corazón suspendido, como si cualquier palabra pudiera hacerlo caer.
Ella seguía a mi lado, sosteniendo mi mano con cuidado, como si tuviera miedo de romperme si apretaba un poco más fuerte.
Hadassa acomodó una de las mantas sobre mí con suavidad.
—No debes tener miedo de este lugar —dijo en voz baja—. Lo importante ahora es que sigas viva —di