Jasemin.
Una semana después, hubo una situación en el desayuno, y aunque estaba comiendo sola, escuché la urgencia en la voz de la persona que me pidió asistir a una reunión con el rey y la corte.
No demoré en aparecer, Malek estaba al pie de la mesa, y tenía el ceño fruncido, pero cuando aparecí en su visión, él asintió pidiéndome que fuera a su lado.
Noté cómo enredó sus dedos en los míos y toda la mesa notó el gesto.
—Hay problemas en las fronteras —dijo uno—. No es solo uno o dos reinos.
—S