Jasemin.
Mi pecho comenzó a acompasarse lentamente al suyo. Su cercanía no me invadía, no me reclamaba. Era firme, estable, como todo en él.
Me ayudó a sentarme en el borde de la cama. El colchón cedió bajo mi peso y sentí el cansancio caer sobre mí de golpe, como si mi cuerpo hubiera estado sosteniéndose solo por obligación.
Y entonces mis ojos se abrieron cuando Malek se arrodilló frente a mí.
Ese gesto…
Ese simple gesto me dejó sin aliento.
—Jasemin —dijo, alzando el rostro para mirarme—. No