CAPÍTULO 11

Jasemin.

Mi pecho comenzó a acompasarse lentamente al suyo. Su cercanía no me invadía, no me reclamaba. Era firme, estable, como todo en él.

Me ayudó a sentarme en el borde de la cama. El colchón cedió bajo mi peso y sentí el cansancio caer sobre mí de golpe, como si mi cuerpo hubiera estado sosteniéndose solo por obligación.

Y entonces mis ojos se abrieron cuando Malek se arrodilló frente a mí.

Ese gesto…

Ese simple gesto me dejó sin aliento.

—Jasemin —dijo, alzando el rostro para mirarme—. No
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