PARTE II. CAPÍTULO 30
—Me los llevaré a la habitación contigua —informó Sabino, volviendo a caminar hasta el sofá, ese donde Marisa ya dormía profundamente, pues ahora la envolvía la seguridad de que su hijo estaba en mejores manos que antes, porque las de Alejo seguro también eran buenas.
Marisa estaba tan agotada que dormía profundamente, tanto así que ni siquiera se dio cuenta cuando el padre de su hijo la alzó en brazos y la llevó a una cama, no tan cómoda, pero que, definitivamente, era mucho mejor que el silló