—Sí eres un idiota —declaró la joven de cabello castaño y ojos cafés—... y tampoco entiendo qué es lo que quieres, nunca lo he entendido Alejandro.
—Lo lamento —dijo el joven, de nuevo, y la joven alzó el rostro al cielo, respirando de verdad profundo.
Podía recordar claramente, de un curso de primeros auxilios psicólogos, que había tomado porque era obligatorio en uno de los módulos que estudiaba, su pasión temporal por la psicología, esa que le invitó a ir a terapia, ver ponencias, conferencia