Emilia vio la pantalla de su teléfono y cerró los ojos con fuerza. Esa llamada no la estaba esperando, no, de hecho, ella la había pedido, pero se le había olvidado de eso, así que en serio la estaba tomando por sorpresa.
La joven castaña se levantó de la cama, apesadumbrada, y dejó ese espacio que estaba compartiendo con su hijo y su exmarido, ahora novio de nuevo, y tomó la llamada.
—Entiendo, sí, muchas gracias por el recordatorio —dijo la joven luego de escuchar en silencio las indicaciones