—Ahggg —se quejó Emilia mientras su cabeza se inclinaba al frente, como si quisiera esconderla en su pecho y, cuando la contracción que le erizó la piel completa y le heló el cuerpo pasó, ella dejó caer la cabeza atrás, resoplando el aire que había contenido mientras la contracción pasaba.
—¿Estás bien? —preguntó Alejandro, que la seguía viendo sostenerse de cualquier cosa después de dar un par de pasos en esa pequeña habitación en que Emilia aguardaba a que su cuerpo dilatara suficiente para da