Alejandro llegó de nuevo tarde a casa. Él tenía toda la semana evitando a Emilia, probablemente, no a propósito, pero Emilia sentía que lo mejor sería que él compartiera un poco de eso que le agobiaba con ella, por eso lo esperó despierta esta vez.
Pero la castaña se arrepintió un poco cuando su marido no se mostraba tan agotado o angustiado como creyó que se vería, pues, en los días pasados, había sido más lo que lo había escuchado de él que lo que lo había visto; pero ese hombre había llegado