El sol comenzaba a ocultarse cuando Adrián y Miranda seguían abrazados en medio del parque.
Ninguno de los dos quería romper aquel instante.
Habían pasado meses separados por un muro que ninguno de los dos había construido.
Y, por primera vez desde el accidente, ese muro comenzaba a derrumbarse.
Adrián cerró los ojos.
Podía sentir el suave perfume de Miranda.
El mismo aroma que tantas veces había quedado impregnado en sus camisas.
El mismo que había buscado sin saberlo en cada uno de aquellos s