ELIZABETH
Entré en el hospital con una mezcla de ansiedad y determinación. Sabía que debía ser fuerte por Ela, pero la preocupación constante por su salud siempre me pesaba. Caminé rápidamente por los pasillos, saludando a las enfermeras que ya conocían mi rutina. Cuando llegué a la habitación, encontré a Ela dormitando, su pequeño cuerpo se veía frágil bajo las sábanas.
Me acerqué y le acaricié suavemente el cabello. Su respiración era tranquila, y eso me daba un poco de paz. Sin embargo, cua