NICK.
Me desperté con un sobresalto, mis ojos tardaron un segundo en enfocar la habitación. La oficina estaba en silencio, salvo por el suave zumbido del ventilador en el rincón. Elizabeth estaba sentada en el sofá, su postura tensa y su mirada perdida en algún punto indefinido. Algo no estaba bien.
—¿Elizabeth? —pregunté, frotándome los ojos—. ¿Dónde has estado? — ¿Qué sucede? —
— Nada — responde de inmediato
Ella levantó la vista hacia mí, sus ojos brillaban con lágrimas contenidas. Trató de