Naiara, se masajea las sienes, respira profundamente como si necesitara reunir paciencia de todos los dioses existentes. Luego lo mira fijamente.
—Esto va a ser un infierno, en serio. ¿sueles adueñarte de los espacios ajenos?
—Un infierno con vistas al mar —corrige él con una sonrisa encantadora.
Ella niega con la cabeza, claramente riéndose ante lo inevitable.
—Si vas a quedarte aquí, al menos haz algo útil.
—¿Como qué? —pregunta Aziel con fingida inocencia.
— Además de ayudarme con la limpiez