Aziel camina de un lado a otro en su apartamento, todavía en toalla. No podía sacarse de la cabeza lo que había sucedido. Despidió a su ex dándole dinero para que resuelva lo que sea que necesite. Ella quedó de regresar y el asintió sin siquiera escuchar.
Se pasa una mano por el cabello, respirando hondo antes de marcar el número de su hermano Martín.
—Dime, hermano —responde Martín, con la voz relajada.
—Hola hermano. Tengo que contarte algo. Pero prométeme que no vas a reírte ni a burlarte —l