Naiara y Aziel llegaron a la habitación real donde pasarían su luna de miel.
La enorme habitación parecía sacada de un cuento de hadas, con esculturas y cuadros imponentes y una vista privilegiada de los campos verdes de Inglaterra. Naiara acostumbrada, ve como Aziel entra con los ojos brillantes de emoción y con una expresión entre amor y resignación.
—¿Sabías que este castillo tiene más de quinientos años? —dice Naiara emocionada, girando sobre sí misma mientras admiraba cada detalle.
—Sí, mi