Paolo se mantuvo en silencio observando fijamente a aquel hombre que yace sentado en aquella silla de ruedas, La soledad se reflejaba en cada pliegue de su rostro, como si el tiempo hubiera marcado en su piel un mapa de ausencias. Sentado en la silla de ruedas, el hombre parecía absorber la vastedad del horizonte, sin prisa ni esperanza, pero con una calma inquietante. A su alrededor, la miseria se alzaba en forma de calles grises y edificios desmoronados, pero nada de eso tocaba su esencia. Él