Emilio, con los ojos desbordantes de desesperación, escupió: —Eres un monstruo, James. ¡No puedes hacer esto! Ve a buscar a Susan nosotros nunca volveremos a cruzarnos en su camino.
James se acercó, la sonrisa en su rostro un poco más fría. Se inclinó, mirándolo a los ojos. —No solo puedo, Emilio. Lo estoy haciendo. —Con un movimiento brusco, prendió fuego a uno de los billetes, su llama amarilla y voraz devorando rápidamente el papel. El fuego comenzaba a consumir el primer billete, chisporro