Tanto Maximiliano y Georgina tienen las pequeñas manos sudadas o cuando se habían quedado por delante de su padre el corazoncito de ambos empieza a bombear con fuerza entonces sienten la suave mano acariciando la espalda de los dos.
— Papá quiere hablar con ustedes — susurra Helen para los niños.
— ¿Nos va a pedir que nos olvidemos de él? — expuso Maximiliano, claro que el corazón del hombre sangra al escuchar las palabras de su hijo, pero sabe que es su culpa.
— Papá los ama con su vida Solo