Al momento que Helen abandona aquella casa observa todo a su alrededor la suave brisa fresca se lleva consigo el calor del momento antes de empezar a andar por las calles poco iluminadas vuelve a dirigir su mirada hasta la casa en donde el hombre se había quedado. Ella se lleva las manos hasta los labios acariciándose suavemente queriendo que la fragancia y el sabor de los labios de Maximus queden impregnados para siempre con los suyos.
Ella avanza lentamente hasta la casa en donde Paolo y lo