— No es orgullo, en realidad no veo la necesidad de que seas tan insistente — expuso el hombre.
— No soy insistente, solo soy buena gente — el acento Inglés de Helen era cautivador — Además, Maximus Albani, tú me has convertido en esto.
El hombre arruga la frente después de escuchar aquello.
— ¿De qué estás hablando ahora? — Maximus sentía que tenía mucha paciencia con ella cuando en realidad no pasaba ni un minuto cerca de alguien más y a esta mujer le estaba permitiendo hablar bastante.
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